Tohbías
«¿Es que acaso no piensa dejar de lloverme problemas?»
Subo al primer auto que veo y arranco con rapidez. Nadie me sigue porque eso fue lo estipulado por el gilipollas de Scott.
Esos malditos italianos no paran de joder, piensan que los tratos nunca tienen fin y si no quiero seguir vendiéndoles mercancía, no se las vendo y punto.
Pero no, tienen que ir a por mi mujer solo para llamar mi atención, sabe que le tengo el perímetro rodeado aunque él la tenga a ella. Ese cabrón es demasia