89. Bienvenida a casa
El ascensor se detuvo con un suave tintineo en el piso de Andrea. El espejo le devolvió el reflejo de una mujer cansada, pero determinada, con el cabello recogido en una coleta perfecta y un vestido veraniego que se ajustaba a su figura. Suspiró, preguntándose si tendría energía suficiente para prepararse algo de comer antes de caer rendida en la cama.
El pasillo estaba en silencio, pero al acercarse a su puerta, un aroma delicioso se filtró por debajo. Andrea frunció el ceño, confundida.
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