32. Amargo despertar
Un tenue rayo de sol iluminó el rostro de Andrea. Sus párpados temblaron antes de abrirse y parpadear, y un gemido escapó de su garganta mientras intentaba incorporarse.
El frío mármol de Carrara bajo su piel desnuda la hizo estremecer y desorientada, trató de reconocer las paredes blancas y los muebles, pero le resultaron ajenos.
El dolor se extendía por cada centímetro de su cuerpo, y la mantenían anclada al suelo. Con esfuerzo, logró apoyar la espalda contra la fría pared.
Su piel se sentía