CAPÍTULO 24: ECOS DEL PASADO.
El aire en la residencia Montenegro era denso, cargado de pensamientos y recuerdos. Isabela Montenegro caminaba por el amplio salón con un leve fruncimiento en el ceño, aún con la sensación inquietante que la había acompañado desde el hospital. La joven que había encontrado allí, Lina… Había algo en ella que le resultaba insoportablemente familiar.
Se detuvo frente a la gran ventana que daba al jardín, con las manos cruzadas sobre su regazo. Sus pensamientos eran un torbellino, su corazón, aun