Laura sintió que su corazón, que había estado en vilo, finalmente se calmaba, aunque una mezcla de alivio y amargura le oprimía el pecho. Se agachó lentamente y acarició con suavidad el cabello de su hijo.
Santiago, al ver la escena, también suspiró aliviado, con una mirada llena de ternura y serenidad. En ese momento, toda la ansiedad y preocupación se transformaron en esta escena íntima y tranquila.
Samuel, sintiendo la sombra sobre él, se despertó bruscamente del dulce torbellino de su sueño.