—Acabo de ver a papá y mamá dándose besitos —pensó Samuel.
—¡Yo también quiero!
Laura... este era verdaderamente su querido hijo. Siempre señalando lo obvio. ¡Qué vergüenza!
Al ver que su madre no reaccionaba, Samuel levantó la cabeza, sus ojos como obsidianas la miraron con confusión.
—Mamá, ¿por qué no me abrazas ni me besas? ¿Ya no soy tu hijo favorito?
Laura se sonrojó intensamente. Este pequeño travieso y sus ocurrencias.
Santiago levantó al confundido pequeño, conteniendo apenas una risa.