Capítulo 411
Mario recorrió nuevamente el estacionamiento con la mirada.

El lugar estaba completamente vacío, ¿de dónde podría haber salido un niño?

Después de dudar un momento, susurró: —¿Podría ser una alucinación por extrañar tanto a la señorita Abril?

Miguel posó su fría mirada sobre él. —¿Crees que estoy enfermo? —ni siquiera podría confundir a un niño con una niña.

Mario guardó silencio prudentemente. No se atrevía a opinar sobre su estado mental.

El ambiente se tensó hasta que sonó el teléfono.

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