Mario recorrió nuevamente el estacionamiento con la mirada.
El lugar estaba completamente vacío, ¿de dónde podría haber salido un niño?
Después de dudar un momento, susurró: —¿Podría ser una alucinación por extrañar tanto a la señorita Abril?
Miguel posó su fría mirada sobre él. —¿Crees que estoy enfermo? —ni siquiera podría confundir a un niño con una niña.
Mario guardó silencio prudentemente. No se atrevía a opinar sobre su estado mental.
El ambiente se tensó hasta que sonó el teléfono.
Al ver