—Laura, sé que esto no es justo para ti, pero... soy viejo, mi salud no es buena, quizás algún día me duerma y ya no despierte —al decir esto, los ojos de Emiliano se humedecieron.
Laura se sintió conmovida, apretando inconscientemente la caja entre sus manos: —Abuelo, ¡no digas esas cosas! ¡Vivirás muchos años más!
Emiliano sonrió: —He vivido lo suficiente para ver la vida y la muerte con serenidad. Si me voy, no te entristezcas, solo vive tu vida plenamente.
Le debía tanto a Laura y no sabía c