La atmósfera se volvió instantáneamente tensa y delicada.
Miguel arqueó una ceja mientras su sonrisa se hacía más pronunciada, y acercándose deliberadamente a Laura, susurró: —¿Solo unas horas después de rechazarme ya lo has reconsiderado? ¿Quieres volver? La señora Soto parece carecer de principios... ¿Quién se atrevería a contratarte como abogada si esto se supiera?
Sus palabras eran como dagas afiladas dirigidas al corazón de Laura, quien apretó los puños hasta casi clavarse las uñas en las p