Santiago llegó con una voz repentina —Si vienen a guardar luto, deberían arrodillarse y llorar ante el altar. ¡Ayuden a la señora Sánchez a arrodillarse!
Laura alzó la cabeza sorprendida, viendo a Santiago con su suave presencia y sonrisa tranquilizadora que parecía curar todas las heridas.
Le recordó su infancia, cuando Santiago siempre la consolaba después de ser golpeada o regañada.
Siempre lograba animarla rápidamente.
Después de tantos años, su presencia aún le daba paz.
Obligaron a Lina a