Miguel se apresuró a sostener a Laura cuando perdió el equilibrio. En ese momento, ella no pudo mantener más el fingimiento y abrió los ojos, intentando agarrarse al brazo del sillón, pero terminó sujetando la mano de Miguel. Después de dudar un instante, se apoyó en él para enderezarse.
—Lo siento mucho, no fue mi intención —dijo la señora Soto, quien había palidecido del susto pero ahora suspiraba aliviada al ver que Laura estaba bien.
Retorcía sus manos nerviosamente con las venas marcadas e