"¡Maldito viejo, cómo duele ese golpe!", pensaba Jenny mientras se alejaban en el auto.
Su mente ya tramaba la venganza cuando Fiona la miró por el retrovisor al salir por el portón:
—Jenny, dime la verdad, ¿de quién es realmente el bebé que esperas?
—Mamá, ya te dije que es de Diego, ¿qué insinúas? ¿Dudas de mí? —respondió Jenny sobresaltada, con voz aguda.
—¡Más te vale que sea de Diego! —le advirtió Fiona con frialdad.
Jenny sintió un escalofrío y se abrazó a sí misma. En ese momento tomó una