—¡Sí! —respondió Laura suavemente, y Patricia gritó emocionada—. ¡Qué maravilla! ¡Ahora tendré un ahijado y una ahijada! ¡Mañana mismo iré a comprar ropita de bebé!
Estaba verdaderamente feliz por Laura.
—¿Y tú, cómo estás? —Laura, preocupada por no haber recibido llamadas de Patricia, decidió contactarla ella misma. Ahora que la escuchaba bien, se sentía más tranquila.
—Estoy perfectamente, después de hablar contigo me iré a dormir —mintió Patricia para no preocuparla.
—Entonces descansa, nos v