La mirada de Miguel se posó sobre su rostro y soltó una risa sarcástica.
—Vaya que eres una esposa ejemplar, ¿debería darte una recompensa?
Laura sonrió y negó con la cabeza.
—¡No quiero nada!
Las recompensas que él daba, ella no podía aceptarlas.
—Hmph... —Miguel mantuvo su semblante sombrío—. Quédate aquí y cuida bien de Jenny, yo me voy a la empresa.
La actitud indiferente de Laura lo hacía sentir incómodo.
—Que te vaya bien —Laura se despidió con la mano, mostrando una radiante sonrisa.
Migu