El cuerpo de Laura se tensó. —¡Miguel, no quiero!
—No voy a hacerlo, solo quiero hacerte sentir bien, ¿qué? ¿No te gusta?
—¡No me gusta, quiero dormir! —la voz de Laura sonaba urgente mientras pensaba qué haría si él la forzaba.
—Te estoy tratando tan bien y dices que no te gusta. Señora Soto, estás mintiendo —los dedos de Miguel acariciaban su piel mientras susurraba palabras obscenas en su oído.
Laura lo empujó y rodó sobre la cama.
Por precaución con su vientre, no se atrevió a caer al suelo.