Laura despertó sobresaltada al sentir un peso sobre ella que casi le impedía respirar.
Al abrir los ojos, se encontró con el rostro de Miguel muy cerca del suyo. La suave luz de la lámpara suavizaba sus facciones, dándole un aspecto menos severo y más gentil.
Laura, pensando en el bebé, se asustó.
—Miguel, ¿qué haces?
Su voz somnolienta sonaba suave en la atmósfera nocturna.
—Te acurrucaste contra mí mientras dormías —explicó Miguel directamente.
Laura se sorprendió.
Después de tres años compart