En ese preciso instante, Patricia despertó sobresaltada y se encontró con unos ojos que desprendían una intención asesina. Su mente se aclaró al momento y gritó a todo pulmón:
—¡Que alguien venga rápido!
El hombre, sorprendido por su repentino despertar, intentó cubrirle la boca, pero ya era demasiado tarde. Tras evaluar la situación, optó por huir despavorido hacia la salida.
En su prisa, se le cayeron la jeringa y la aguja.
Al ver estos objetos en el suelo, Patricia tuvo una revelación repenti