Laura contestó apresurada. —Sí, ya no me duele.
Estaba tan concentrada en hacer que se fuera que, aunque le doliera el vientre, no lo admitiría.
Miguel apretó con fuerza los labios y la bajó al suelo. —Vuelve tú sola a la habitación, me voy.
Y se marchó.
Laura, mirando su silueta alejarse, adolorida se llevó la mano al vientre. —Bebé, pórtate bien, ¡mamá te llevará al hospital enseguida!
Sandra salió de su habitación y se acercó apresurada a Laura, preguntando con urgencia: —Señora, ¿está bien?