No… el señor Cassano no llora conmigo la muerte de mi padre, si no que, llora por lo que estoy diciendo y tanto duele.
— No puedes marcharte, padre. Aún no puedes hacerlo cuando tenemos muchas cosas pendientes por vivir. Yo aún no te he contado cuál fue mi primer fracaso amoroso, ni tampoco me han defendido de todas esas personas que me hicieron daño.
>> No me compraste mi helado favorito, ni tampoco te hice pasar vergüenza cuando tuvieras que ir a la droguería por toallas sanitarias. Mucho me