En la mansión Mendoza.
— Vamos Alejandro, llegaremos tarde a la lectura. — decía Ainara apresurando a su esposo.
La frente de Alejandro estaba perlada por el sudor. Decir que se hallaba nervioso, era realmente poco a lo que realmente estaba sintiendo. Dentro de solo unos momentos más, el testamento de su madre sería leído finalmente. Siempre había dicho que no esperaba nada, pero, en realidad, siempre había guardado la pequeña esperanza dentro de él, de que su fallecida madre lo eligiera finalm