Aitana sonrió, y acariciando la mejilla de su esposo, negó.
—Hablaremos mañana cariño…creo que, por esta noche, ya he consumido incluso mi energía de reserva… — respondió la castaña dejando un beso dulce sobre los labios de su esposa, y luego, cerró los ojos.
Fernando sintió como aquellas palabras que quería decirle, se le habían quedado atoradas en la garganta, y mirándola, notó que Aitana se había quedado profundamente dormida quizás demasiado rápido. Levantándose sutilmente de la cama, el ap