Frente a su escritorio, Libi armaba pilas de documentos luego de multicopiarlos. Un mechón escapó de su cabello recogido y fue puesto tras su oreja por Iván, que había aparecido de la nada.
En realidad llevaba varios minutos observándola sin que ella lo notara.
—El viernes te fuiste tan rápido que no pudimos terminar de hablar —le agradó ver el sonrojo en las mejillas de Libi, que atribuyó a la innegable atracción que había entre ellos.
Jamás se le habría pasado por la cabeza que ella también s