—Ya barriste y está todo ordenado, Libi. Puedes irte —le dijo su jefe luego de varios minutos viéndola ir de un lado a otro—. Con Josh vamos a cerrar. Nos vemos mañana.
—Es que no puede vivir sin mí —repuso Josh.
Libi fue a buscar sus cosas al área de descanso. Allí también cogió una escoba y barrió hasta que se sintió ridícula. Era una adulta y debía enfrentar los embrollos en lo que se metía por beber de más.
El auto de Irum era uno negro, de vidrios polarizados. El chofer le hizo señas y l