—¿Estás segura de tu decisión? —preguntó Irum, con la calma que mantenía en las reuniones más espinosas. El autocontrol era la máxima muestra de poder, no los gritos o la violencia, como muchos pensaban.
Las guerras se ganaban entre cuatro paredes, no en el campo de batalla.
—Completamente —dijo Libi, con convicción. No había sido sencillo decirle a Irum que no, pero lo había logrado.
Nada sabía ella de guerras o estrategias, sólo iba con la verdad y la bondad de su corazón por delante, esas