Cansada de tanto golpear la puerta tras la que se hallaba encerrada, Libi se durmió. En la sala, Irum también dormía luego de haberse inyectado sus analgésicos. Los usaba cada vez con más frecuencia, pero se volvían ineficaces, su cuerpo adolorido se acostumbraba rápidamente a ellos.
Él abrió la puerta de la habitación por la mañana, el desayuno de Libi la esperaba en la cocina. Había preparado las tostadas él mismo y planeaba que prepararan juntos el almuerzo, con Libi despierta por las noches