Acostada en la cama, dándole la espalda al jeque, Enza tocó disimuladamente sus labios, que aún llevaban las huellas de su beso. Emociones indescriptibles la sumieron en el insomnio. Le resultaba difícil conciliar el sueño después de lo que acababa de ocurrir. Especialmente porque podía sentir la presencia del jeque en todas partes a su alrededor. En una mezcla de dulzura y ardor, logró mostrarle la tenue chispa de ternura que aún albergaba en su interior. Más precisamente,
Enza se sintió al bo