—Aléjate —repetí, con la voz más baja, más quebrada—. Por favor.
—No —sentenció Xander sin moverse ni un centímetro—. Estoy harto, Ivy. Estoy cansado.
—¿Tú estás cansado? —solté con incredulidad. El fuego se encendió de golpe en mi pecho. El latido se aceleró, más por la furia que por el miedo. Porque si él estaba cansado, entonces yo... yo estaba al borde del colapso.
—Sí. Estoy cansado de que sigas construyendo muros mientras todo a tu alrededor se cae. Cansado de verte defender lo indefendib