El silencio de la oficina se hizo eterno tras la salida de Ivy. Aún podía oler su perfume flotando en el aire, el eco de sus pasos alejándose, y esa sensación extraña de haber estado demasiado cerca de algo que no sabía si quería o temía. Tenía la camisa desabotonada hasta la mitad, la corbata abandonada en el suelo, y la piel aún tibia por el roce de su cuerpo. No sabía si me había perdido en ella o si, por primera vez, me había encontrado en algo real.
Podría haberla detenido. Podría haber dic