Me desperté antes de que sonara la alarma. No porque hubiera dormido bien, sino porque mi mente ya estaba despierta desde hacía horas, repasando cada decisión, cada emoción no resuelta, cada silencio que había permitido crecer entre palabras que no supe decir a tiempo.
No más.
Me duché sin apuro, permitiendo que el agua caliente arrastrara no solo el cansancio, sino también la neblina mental de los días anteriores. Me vestí con una camisa blanca de seda, simple pero firme, y un pantalón negro q