La puerta se cerró tras Xander, dejando en el aire una estela de su presencia, tan abrumadora como un perfume demasiado intenso. Me quedé de pie en la sala de juntas, inmóvil, intentando procesar el huracán de emociones que acababa de desatarse. La habitación, que hace solo unos minutos había sido un espacio profesional, ahora parecía impregnada de su esencia, como si cada rincón estuviera marcado por su voz y su cercanía invasiva.
Respiré hondo, intentando calmar el tamborileo en mi pecho, per