La coexistencia no trajo descanso.
Trajo vigilancia.
No fue inmediata, no fue dramática. Durante los primeros días después del acuerdo en el límite, Umbra Lux pareció respirar con una estabilidad nueva. Las rutas compartidas se reabrieron bajo supervisión. Los observadores cruzaban la línea con regularidad. Las fogatas del centro y las del norte ardían sin competencia visible.
Pero la tensión no desapareció.
Se volvió silenciosa.
Y lo silencioso, cuando se acumula, termina pesando más que el ru