El silencio en el claro de Ashen era una criatura viva y depredadora. No era la quietud pacífica de la montaña al amanecer; era un vacío antinatural, una ausencia de sonido tan profunda que dolía en los oídos. Los pájaros habían enmudecido. Los insectos habían cesado su zumbido. El viento mismo parecía contener la respiración, temeroso de perturbar la escena de profanación que se había desarrollado allí.
Me quedé en el borde del bosque, oculta entre las sombras de los pinos ancestrales, mi cuer