Beth, ya congelada en sorpresa, ni siquiera se atrevió a moverse. Alex se inclinó más y colocó un suave beso en la coronilla de su cabeza.
Un fantasma de sonrisa jugó en los rasgos estoicos de Malcolm.
Malcolm aclaró la garganta, captando su atención.
—¡Tú, mocoso! —Fingió furia, inflando su pecho—. ¡Te casaste pero no pensaste en decirme! ¿Todavía me tienes en tu corazón?
—Abuelo, no te enojes.
Alex se acercó a él, sosteniendo la mano de Beth.
—Estaba planeando presentar a Beth apropiadamente