~Mia~
Mi corazón pasó de un alegre redoble de tambor al tictac del reloj de pared. Había algo en la presencia de Edward, y lo que acababa de decir me quitó un gran peso de encima.
Aunque siempre nos comportábamos como perros y gatos con las constantes idas y venidas, su presencia seguía siendo magnifica y capaz de reconfortarme.
Se acercó a mí y me dio un beso húmedo en las mejillas que me hizo enroscar los pies debajo de la mesa antes de sentarse a mi lado en la silla vacía en lugar de la cabe