El olor estéril del antiséptico llenó la habitación privada del hospital. Las máquinas sonaban a un ritmo constante, cada sonido se amplificaba en los oídos de Ava como una cuenta regresiva. El cuerpo pálido de Chloe yacía en la cama del hospital, su pequeño cuerpo perdido bajo las sábanas blancas almidonadas. Su pecho subía y bajaba en patrones lentos y mecánicos, como si incluso respirar fuera una carga que su frágil corazón no pudiera soportar por sí solo.
Ava se sentó a su lado, sosteniendo