Jace no aparece.
Espero. Duchado. Vestido. Bebé alimentado y abajo. Todo listo para la confrontación hacia la que he estado construyendo.
Las ocho en punto van y vienen. Nueve. Diez.
A las diez y media le envío un mensaje de texto: ¿Dónde estás?
No hay respuesta.
A las once llamo. Buzón de voz.
Para la medianoche lo entiendo. Él no viene. Lo que sea que dijera sobre querer que yo elija, sobre estar listo para hablar, fueron solo palabras. Como todo lo demás.
Estoy solo en el apartamento de Aide