Dos días de nada.
No es exactamente la ausencia. Él estaba allí. En el ático. Moviéndose por las habitaciones. Preparando café por la mañana. Volviendo a casa por la noche. Pero no me habló. No me miró. Simplemente existía en el mismo espacio como si me hubiera convertido en un mueble que había dejado de notar.
Silencio helado. Así es como mi madre solía llamarlo cuando mi padre hacía esto. Cuando se vuelvo frío y callado y te hace sentir la falta de él como castigo.
Había olvidado lo mucho que