Fiona
Observando la sonrisa de Nathan ensancharse, me sentí como si estuviera atrapada en algún tipo de broma cósmica.
Primero Adam me abandonó, luego Serena apareció a burlarse de mí, y ahora aquí estaba Nathan, mi ex que literalmente acababa de comprometerse con mi hermana, ofreciéndome que me llevara como si todo esto fuera perfectamente normal.
¿Qué seguía? ¿Un meteoro iba a caer en mi cabeza? ¿Accidentalmente caminaría al tráfico? ¿El suelo se abriría y me tragaría entera?
A este punto cualquiera de esas opciones sonaba preferible a lidiar con una persona más que quisiera humillarme.
Se suponía que este era mi día de boda. El día más feliz de mi vida, o eso siempre decía todo el mundo. En lugar de eso se había convertido en un desfile de personas tomando turnos haciéndome sentir como basura absoluta.
Estaba comenzando a pensar que había hecho algo verdaderamente terrible en una vida pasada y este era mi castigo.
—Vete, Nathan —dije, mi voz tensa y controlada a pesar de la ira bur