Fiona
Me quedé completamente congelada, mi cerebro luchando por procesar las palabras que acababan de salir de su boca.
Adam tenía un talento para dejarme sin palabras, y no de ninguna manera romántica. Más bien del tipo quiero-estrangularte-con-mis-propias-manos.
No podía creer lo que acababa de acusarme. Aquí estaba yo, ya hirviendo de rabia por su truco infantil de abandonarme en el lugar de la boda como si fuera basura de ayer, y ahora tenía la audacia de llamarme puta.
In-creí-ble.
—¿Qué d