CAPÍTULO 30

Unas pocas horas habían pasado y estábamos de vuelta sentados en el Audi de Adam de camino a un destino desconocido mientras Atticus nos conducía.

Era más como un destino del que no sabía pero estaba bastante segura de que Adam y su mayordomo, Atticus, sabían sobre este hogar suyo.

El aire era incómodo y tenso, lleno de tantas preguntas pero sin nadie para responder o siquiera atreverse a hablar.

Ambos no habíamos pronunciado ninguna palabra el uno al otro desde que entramos.

Después de que Ada
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