Cap. 65: Origen
—¡No debiste dejar que se fuera! ¿En qué estabas pensando? —reclama Julio tratando de levantarse de la cama, pero rindiéndose al sentir unas punzadas de dolor atravesándole el pecho.
—No intentes levantarte, sabes que aún no te has recuperado. Y creo que conoces a Bianca lo suficiente como para saber que es casi tan testaruda como tú —le responde Alana mirándolo con severidad, cruzando los brazos sobre su pecho.
—¿Por qué demonios tardan tanto en curar estas malditas heridas? —se queja el Alfa