Cap. 40: Reposo
—Eso ha estado bien, cariño, apuesto a que Julio tampoco pudo resistirse a ti —murmura César abrochándose el pantalón, mirando con una sonrisa lasciva a la mujer desnuda sentada al pie del árbol
—Eres un monstruo, a Julio no le llagas siquiera a los talones —masculla Alma con la voz entrecortada, intentando resistir las lagrimas que le empañan la mirada, tratando de retener algo de su dignidad.
—¡Ese idiota ha sido sobrevalorado toda la vida, no es nadie, y estoy a punto de dejarlo claro una v