Caine
La sala de curación no se quedó en silencio esta vez. Latía. No con pánico, ni con ruido, sino con movimiento, controlado, urgente, preciso. Los sanadores se movían a su alrededor con movimientos precisos y eficientes, con manos firmes y voces bajas y secas. Si algo me tranquilizaba, aunque fuera un poco, era que ninguno parecía dudar.
Bien.
La vacilación mataba gente, y no iba a permitir que le pasara nada a Reina.
Me quedé al margen, lo suficientemente lejos como para no estorbar, pero