Caine
No podía dormir, y mentiría si dijera que no me molestaba. Intenté todo lo que se me ocurrió. Recorrí la pared de mi habitación, caminé por los pasillos e incluso pedí un vaso de leche, pero no llegó.
Se quedó ahí, fuera de mi alcance, como todo lo demás esa noche. Así que dejé de intentarlo.
Los pasillos estaban más silenciosos cuando salí, despojado de música y fingimientos. Lo que quedaba era la verdad, y hacía mucho que había aprendido que a la verdad le gustaba esconderse en las hora