Theron cabalgaba a través del bosque, con el viento golpeando con dureza su piel y agitando su largo cabello atado detrás de él.
Regresaba a la Ciudadela a una velocidad frenética, tomando el peligroso atajo.
Su mente daba vueltas y su cuerpo ardía por las palabras de Maren. Con la mandíbula apretada y los ojos enrojecidos por una rabia descontrolada.
¡Eryndra, maldita zorra embustera!
Debía llegar al palacio antes de que se celebrara la ceremonia. Tenía que decirle al príncipe qué clase de