JERIK
Jerik encontró a su esposa de pie junto a la ventana, una mujer rubia de piel pálida. Sus ojos metálicos se encontraron con los de él.
Una conversación silenciosa pasó entre ellos antes de que Jerik apartara la mirada.
—Pensé que no vendrías. ¿Qué te hizo cambiar de opinión?
Jerik se quitó la túnica, con la mandíbula tensa.
—Y yo pensé que ya te habrías ido.
Ella soltó una risa baja, cargada de frustración y tristeza. Jerik podía sentir su mirada, pero no se molestó en mirarla.
—¿De verda