Habían pasado otros dos días. Ya era casi una semana, y todo resultaba increíblemente irritante. Quería pedirle a Zarin que trajera a la esclava que el príncipe quería darle, pero temía acabar con ella antes incluso de que se desnudara.
Al llegar a su habitación tras ahogarse en cervezas con sus hombres, Theron se detuvo al ver a Kayara recostada en su silla leyendo.
—Buenas noches, Ash.
—Buenas noches —Theron se quitó la túnica y se masajeó el cuello—. ¿A qué debo esta visita?
—No viniste a pr