Mauricio percibió el suave aroma a té blanco que emanaba de ella, frunciendo ligeramente el ceño: —Hace lo que quieres.
—No, eso no funciona. Al fin y al cabo, soy tu esposa. Debo dar una buena impresión cuando vaya contigo a ver a tus familiares por primera vez.
Valeria, mientras hablaba, ya había apoyado una mano en el ancho hombro del hombre: —Quizás podría ir como una dama distinguida, a los mayores les agrada ese estilo.
—¿Ya decidiste todo? ¿Para qué me preguntas?
—Temo que, Mauricio, tú t