El movimiento letal hizo que todos los hombres sintieran un escalofrío.
Sebastián no tenía intención de perdonar a ningún hombre presente. Su figura ágil se movía entre las cortinas de lluvia, sometiendo a todos con facilidad.
No necesitaba técnicas sofisticadas; un puñetazo o una patada lateral brutal eran suficientes. En poco tiempo, varios hombres yacían en el suelo.
—¡Sebastián! —alguien gritó furiosamente, acompañado del sonido de una pistola siendo cargada.
Sebastián giró rápidamente, enco