Mientras más recordaba Sergio los acontecimientos pasados, más punzante se volvía el dolor en su pecho.
Con una voz grave, susurró: —¿Podemos hablar, Val?
—¿Hablar? ¿De qué? —Valeria preguntó con una sonrisa fría, acomodando su cabello despeinado por el viento—. ¿De cómo mataste a mis padres? ¿O de cómo me quitaste el Grupo Ramírez?
Sergio quiso responder, pero las palabras se quedaron atrapadas en su garganta, dejando un amargo sabor en su boca.
Todo lo que había ocurrido entre ellos era consec